“Caperucita, la abuelita y el lobo feroz van al terapeuta”

La historia dice así:

Erase una vez Caperucita, su abuelita y el lobo feroz. Un día viendo que las cosas no iban del todo bien, que llevaban unas vidas un tanto ajetreadas y complicadas y, sobre todo, que estaban cansados de vivir siempre el mismo cuento, decidieron ir a ver a un buen psicólogo.

Al cabo de unos meses de trabajo terapéutico…………

…….Caperucita decidió dejar de hablar con lobos seductores, manipuladores y mentirosos que la engañaban y la hacían andar mas de la cuenta por caminos largos y complicados.

…….La abuelita decidió dejar de abrir la puerta a lobos que se hacían pasar por tiernas niñas, aunque peludas y con voz ronca. Decidió, además, dejar de vivir en una casa aislada en medio del bosque y se compro un pisito en la ciudad. También contrato a una asistencia para que la cuidase y le hiciera la compra, a fin de evitar que su nieta tuviese que llevarle provisiones atravesando un bosque lleno de lobos mentirosos y peligrosos. Porque la abuelita, gracias a la buena fe de su hija y su nieta, había ido ahorrando con el tiempo dinero para pagarse el pisito y la asistente.

…….Y el lobo feroz decidió dejar de disfrazarse de abuelita y de meterse en camas ajenas para cazar. Vio que era mas fácil cazar conejos en el bosque que complicarse la vida engañando a niñas y abuelas usando disfraces……..es decir, decidió ser un lobo de verdad, un lobo autentico.

Y colorin colorado, el cuento se ha acabado………..definitivamente! para descanso y felicidad de sus tres protagonistas.

Moraleja: quizás para empezar a ser felices de verdad lo que toca es empezar a ser sinceros con nosotros mismos para vernos tal cual somos, pedir ayuda si la necesitamos y, en definitiva…….. dejarnos de cuentos!

Saber pedir ayuda

Inmersos en problemas, muchas veces podemos no darnos cuenta de que necesitamos ayuda. La autoayuda no siempre basta para superar las preocupaciones persistentes, y de vez en cuando se hace necesario lanzar un sos.

Hay momentos en los que debemos dejar nuestro traje de “superman o mujer maravilla” y decidirnos pedir ayuda, no porque no seamos capaces de resolver un problema sino porque, en ocasiones, otra mirada puede ser la que logre que resolvamos el conflicto.

Hay muchas maneras de pedir ayuda, visitar al medico de cabecera si tenemos algún problema físico, intentar con psicoterapia si lo que nos perturba es emocional.

Cuando uno se preocupa o angustia excesivamente, la vida parece muy complicada. Y aunque a veces exige tiempo y energía, el resultado de pedir ayuda puede ser una vida con menos estrés y mucho mas placentera.